Categoría: Escritores y traductores

  • María de la O Lejárraga

    María de la O Lejárraga

    Bienvenidos un viernes más a nuestra sección Escritores y traductores. Hoy, 8 de marzo, aprovechando que es el Día de la Mujer, queremos hablar de una escritora y autora sin igual: María Lejárraga. Acompáñanos a descubrir su vida y su obra.

    Primeros años

    María de la O Lejárraga García nació el 28 de febrero de 1874 en San Millán de la Cogolla, en el seno de una familia acomodada. Con cuatro años, su familia se traslada a Madrid, donde su padre ejercerá como cirujano. Su madre, muy involucrada en la educación de sus hijos, será los métodos pedagógicos franceses. María Lejárraga cursó estudios de Magisterio y profesorado de Comercio en la Asociación para la Enseñanza de la Mujer, donde se familiarizó con los principios de la Institución Libre de Enseñanza. En 1897 gana su plaza de maestra por oposición, que ocupó hasta 1909.

    En 1905 le fue concedida una beca para estudiar el funcionamiento de los centros pedagógicos europeos, por lo que pasó una larga temporada en Bélgica. Allí conoció las tesis socialistas, que influyeron en su formación como maestra. Debido a la visión de la sociedad de la época, que la mujer se dedicara a las artes o a las ciencias no era considerado algo favorable. Ello dificultó la labor y las inquietudes literarias de María Lejárraga. No obstante, en 1899 publicó su primera obra, Cuentos breves. Su familia la acogió con frialdad y esto, unido a su condición de profesora, hizo que ocultara su nombre bajo el de su marido, Gregorio Martínez Sierra, con quien contrajo matrimonio en 1900.

    Esplendor literario

    En 1903 fundó la revista Helios (1903-1904) junto con Juan Ramón Jiménez, en la que participaron, entre otros, Emilia Pardo Bazán, Antonio Machado, Jacinto Benavente y los hermanos Quintero. En 1907 crearon la efímera revista Renacimiento, de gran calidad. Estas colaboraciones hicieron que la amistad entre María y Juan Ramón se estrechara. Ambas publicaciones estaban al tanto de las corrientes europeas. Además, como María Lejárraga era políglota, se encargó de la mayoría de las traducciones inglesas y de algunas francesas aparecidas en la revista Renacimiento.

    Lejárraga abandonó su carrera como docente en 1908 para dedicarse plenamente a la literatura. Su obra drmática, Canción de cuna, se estrenó en 1911 y fue galardonada con el premio de la Real Academia Española como la mejor obra de la temporada teatral 1910-1911. De las obras escenificadas en el periodo 1929-1931, al menos una veintena eran suyas. Es una muestra del éxito de público y del interés de la crítica por esta autora. La Compañía cómico-dramática Martínez Sierra, dirigida por su esposo, representó sus obras no solo en España, sino también en Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos e Hispanoamérica. En los programas de las funciones aparecía el nombre de ambos.

    No solo colaboró con su marido, sino que también lo hizo con otros autores de la época. Junto a Eduardo Marquina, escribió El pavo real y colaboró con Carlos Arniches en La chica del gato, que posteriormente se llevó al cine. María Lejárraga redactó, también, el libreto de Margot, con música de Joaquín Turina.

    A petición de Joaquín Turina, María y Gregorio entraron en contacto con Manuel de Falla en París en 1913. A la vuelta de Falla a Madrid, colaboraron en varios proyectos. En 1915 se estrenó El amor brujo, la obra más conocida del gaditano, con libreto de María Lejárraga, en el Teatro Lara de Madrid.

    Política y feminismo

    Sus ideas se articulan en torno a dos elementos: el sexo y la clase social. La maternidad y lo doméstico son temas recurrentes en sus escritos, pero siempre vinculados a la individualidad de la mujer como ciudadana de pleno derecho. Puso especial atención en las mujeres de la clase media. Publicó Cartas a las mujeres de España en 1914 y Feminismo, feminidad y españolismo en 1917, además de colaboraciones en prensa como La mujer Moderna en Blanco y negro.

    Participó en diferentes asociaciones feministas. En 1917 colaboró en la creación de la Unión de Mujeres de España (UME). Viajó a Ginebra en 1920 como delegada de España al VIII Congreso de la International Woman Suffrage Alliance, colaborando en la redacción de una carta de derechos femeninos: reconocimiento de la igualdad política, administrativa y civil de los dos sexos a nivel nacional e internacional.

    Colaboró en la fundación del Lyceum Club en 1926 junto a Victoria Kent y Zenobia Camprubí, y presidida por María de Maeztu. El Club tenía una gran biblioteca que dirigía Lejárraga.

    Periodo republicano

    En 1931 se afilia al Partido Socialista. Su labor como propagandista republicana comenzó con el ciclo de cinco conferencias La mujer ante la República que tuvieron lugar en el Ateneo de Madrid entre el 4 y el 18 de mayo de 1931. Con estas conferencias, intentó desterrar los miedos que sustentaba el nuevo régimen.

    Promovió la Asociación Feminista de Cultura Cívica, que comenzó sus actividades en 1932. Querían que la Asociación no solo fuera instrumento de reivindicación feminista, sino también hogar espiritual y material para las trabajadoras, sobre todo de la clase media.

    En 1933 fue elegida diputada del Congreso por Granada y fue designada vicepresidenta de la Comisión de Instrucción Pública. Ocupó la representación de la República Española en Suiza en 1936 como Agregada Comercial del Ministerio de Agricultura, Industria y Comercio.

    También fundó y participó en la dirección del Comité Nacional de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo, que estaba presidido por Dolores Ibárruri, y colaboró con la revista Mujeres de esta asociación.

    Exilio y muerte

    En 1937, María Lejárraga se traslada a su casa cerca de Niza. Volverá a escribir en 1948, después de una complicada operación de cataratas y un año después de la muerte de su marido. Empezó a firmar con el nombre de María Martínez Sierra. Tendrá que reclamar la autoría de su obra, escrita conjuntamente con su esposo y publicada a nombre de este, para cobrar los derechos de autor que habían pasado a la hija que habían tenido Martínez Sierra y Catalina Bárcena.

    Tras la Guerra Civil, inició su largo exilio en Francia, pasando por México y Argentina, donde murió en 1974.

    Polémica con su obra

    Durante mucho tiempo se pensó que las obras de Gregorio Martínez Sierra eran solo producto de su propio trabajo. Años más tarde, María Lejárraga tendrá que luchar por los derechos de autor que le pertenecían. En 1930, Martínez Sierra afirmaba en un documento, firmado ante testigos, que su obra pertenecía también a María Lejárraga y que había sido escrita conjuntamente.

    Un dato curioso es el del libreto de El amor brujo de Manuel de Falla. Se pensó durante un largo periodo que era obra de Martínez Sierra, pero se ha demostrado que la autora es María, dándole a la autora el lugar que se merecía.

    Existe aún cierta polémica sobre la obra de Martínez Sierra. No se puede afirmar dónde empieza Gregorio y dónde acaba María, llegando a incluso afirmarse actualmente, debido a la documentación que se posee, que María era la autora única de las novelas. En Gregorio y yo, María Lejárraga (que firma esta obra como María Martínez Sierra) explica su colaboración literaria con Martínez Sierra, incluso cuando el matrimonio se separó cuando Gregorio empezó a relacionarse con la actriz Catalina Bárcena en 1922, con quien tuvo una hija.

  • Fray Luis de León

    Fray Luis de León

    Como no podía ser de otra forma, esta entrega de Escritores y traductores se la dedicamos a Fray Luis de León, uno de los escritores de la llamada Escuela salmantina del s. XVI. ¿Quieres saber más sobre su vida y obra? ¡Sigue leyendo!

    Biografía breve

    Fray Luis de León nace en Belmonte, Cuenca, en 1527 o 1528, en el seno de una familia judeoconversa por parte de ambos progenitores. Se educó en Madrid y Valladolid, donde su padre ejerció como consejero del rey. Con catorce años marcha a Salamanca e ingresa en la Orden de San Agustín, tomando los hábitos en enero de 1544.

    Salamanca constituye el centro de su vida intelectual. En mayo y junio de 1560 obtiene los grados de licenciado y maestro en Teología por la Universidad de Salamanca. Entonces comenzaron sus luchas por las cátedras. Primero, oposita a la cátedra de la Biblia, que había dejado vacante Gregorio Gallo, y que ganó Gaspar de Grajal. Después lo intentó para la de Santo Tomás, que esta vez consiguió por cuatro años. Cuando terminó este periodo, opositó para la cátedra de Durando, que consiguió y mantuvo hasta marzo de 1572.

    Sus éxitos universitarios le granjearon la enemistad de los dominicos, que controlaban la Inquisición. Fray Luis fue denunciado por haber traducido la Biblia (el Cantar de los Cantares, concretamente) a lengua vulgar sin permiso. La Inquisición lo encarceló en Valladolid durante casi cinco años. Fue absuelto de los cargos que se le imputaban y volvió de nuevo a Salamanca.

    Durante su periodo encarcelado, Fray Luis escribió De los nombres de Cristo y diferentes poemas. Sus obras fueron bien acogidas por sus contemporáneos, como Francisco Sánchez de las Brozas (el Brocense), Benito Arias Montano y Francisco de la Torre, entre otros.

    Fue nombrado profesor de filosofía moral a su salida de la cárcel y, un año más tarde, consiguió la cátedra de la Sagrada Escritura. Fray Luis comenzaba sus clases con un resumen del día anterior. Al reincorporarse a su cátedra tras la prisión, se cuenta que empezó su clase con la frase «Decíamos ayer…» (Dicebamus hesterna die), como si los casi cinco años de cárcel no hubieran transcurrido.

    Recopiló los escritos del Libro de la vida de Santa Teresa de Jesús, que publicó con un prólogo de su pluma fechado en 1587. Fray Luis admiraba a Santa Teresa e intentó que ingresa en su orden, pero no fue posible.

    Fue elegido provincial de Castilla de la Orden de San Agustín, en el convento de Madrigal de las Altas Torres (Ávila), el 14 de agosto de 1591. Nueve días más tarde falleció repentinamente.

    La obra de Fray Luis de León

    Como humanista, la obra de Fray Luis abarca diferentes ámbitos. Sus fuentes principales son La Biblia y la literatura clásica. Fue buen conocedor de la poesía de Horacio, al que parece imitar en su Oda a la vida retirada y casi parafrasea la obra de este autor.

    Su obra poética se enmarca dentro de la ascética de la segunda mitad del siglo XVI. Propone un camino alejado del mundo para intentar llegar a Dios, pero sin culminación propia de la mística. Es, además, una poesía sencilla y sin ambages, contrapuesta a la poesía recargada de Fernando de Herrera y la Escuela sevillana.

    La obra en prosa de Fray Luis suele tratar temas bíblicos, como De los nombres de Cristo y su versión del Cantar de los cantares. Tiene también un libro de instrucción femenina, La perfecta casada, escrito a petición de su sobrina antes de contraer matrimonio.

    Aunque trató de publicar sus obras en vida, sus poesías se transmitieron de forma manuscrita. Fue Francisco de Quevedo quien las recopiló y publicó en 1631, como antídoto al desmesurado Culteranismo de la época.

    Esperamos que os haya gustado nuestro resumen de la vida y obra de Fray Luis de León. Si os ha gustado este artículo, quizás también os gusten otros como el de Leandro Fernández de Moratín, Juan Boscán o el de Oscar Wilde ¡Que tengáis un maravilloso fin de semana!

  • Mary Shelley (1797-1851)

    Mary Shelley (1797-1851)

    Hace 168 años, el 1 de febrero de 1851 fallecía Mary Shelley, una de las mejores escritoras del siglo XIX e icono del Romanticismo. Nuestro pequeño homenaje es acercaros a esta eminente figura con una breve biografía y una reseña sobre su obra.

    Biografía de Mary Shelley

    Primeros años

    Nacida como Mary Wollstonecraft Godwin, hija ilegítima de William Godwin y la filósofa feminista Mary Wollstonecraft, tuvo una infancia feliz. Sin embargo, las deudas agobiaban a su padre, por lo que decidió casarse con otra mujer, Mary Jane Clairmont, que ya tenía dos hijos, Charles y Claire.

    Aunque Mary no tuvo una enseñanza reglada, fue instruida por su padre en diversas materias. Con todo, su educación fue liberal y avanzada para la época. En 1812, su padre la envió a casa de William Baxter, político radical, en Escocia. En el intervalo de sus dos viajes a casa de Baxter, Mary conoció a Percy Bysshe Shelley.

    La historia de amor con Percy Shelley

    En la primavera de 1814, Mary volvió definitivamente a su hogar y comenzó una relación con Shelley, que no fue bien vista ni por sus familias ni por la opinión pública, ya que Percy Shelley estaba casado. Además, Percy Shelley había prometido ayudar económicamente al padre de Mary, William Godwin, pero luego no cumplió su palabra.

    La pareja se escapó ese verano a Francia, llevándose consigo a Claire Clairmont, hermanastra de Mary. Volvieron a Inglaterra en agosto de ese mismo año al quedarse sin dinero. Durante su viaje, Mary se quedó embarazada. Su padre se negó a ayudarles. Además, tuvo que aceptar la ilusión de Percy Shelley al nacer uno de los hijos que compartía con su esposa, Harriet Shelley. En febrero de 1815 nacía la hija de Mary y Percy, dos meses prematura, que murió poco después. Esto sumió a Mary en una depresión y la conmocionó de tal modo que tenía visiones del bebé.

    Primeros pasos como escritora

    La muerte del abuelo de Percy, Bysshe Shelley, les dio un cierto respiro económico y el nacimiento de su segundo hijo, William, a comienzos de 1816 supuso una gran alegría para Mary y Percy. Ese verano, Mary, Percy, y su hijo, acompañados por Claire Clairmont, viajaron a Ginebra para encontrarse con Lord Byron, quien tuvo un romance con Claire. El ambiente de la villa que alquilaron era bastante húmedo, por lo que se dedicaron a leer y contar historias sobrenaturales. Fue por entonces cuando Mary Shelley (que se había empezado a llamar a sí misma Sra. Shelley) empezó a esbozar su gran historia, Frankenstein o el Moderno Prometeo, por un sueño que tuvo. Comenzó a escribir la historia con el planteamiento de un cuento. Más tarde, con ayuda de su marido, amplió el cuento hasta convertirlo en su primera novela.

    A finales de 1816, la hermana mayor de Mary, Fanny Imlay, se suicida, al igual que la esposa de Percy, Harriet. La familia de de su esposa obstaculizó que Percy se hiciera cargo con los hijos que tenían en común. Para hacer fuerza, se casa con Mary, que volvía a estar embarazada, pero, aun así, los niños son entregados a la familia de un clérigo.

    Mary Shelley terminó Frankenstein a comienzos del verano 1817. La obra se publicó en enero del año siguiente de forma anónima, aunque los críticos y lectores pensaron que el autor era Percy porque la obra llevaba un prólogo firmado por él.

    Estancia en Italia

    Debido a las deudas contraídas y por miedo a perder la custodia de sus hijos, el matrimonio Shelley se traslada a vivir a Italia en marzo de 1818. Allí sufren la terrible pérdida de sus dos hijos, primero en 1818 y luego en 1819. Mary cayó en una fuerte depresión, que se alejó de Percy y se centró en la escritura. No obstante, el nacimiento de su hijo Percy Florence a finales de 1819 la llenó de alegría. Aunque la pérdida de sus hijos fue un duro golpe, Italia será un país muy querido por Mary Shelley y lo evocará con nostalgia y felicidad en sus diarios. En sus distintas mudanzas por el país, irán acumulando amigos e historias.

    En 1822 se trasladan a la Villa Magni, junto con Claire Clairmont y el matrimonio Edward y Jane Williams. Mary estaba embarazada por entonces y sufrió un aborto espontáneo que casi le cuesta la vida. En verano, debido a la cercanía a la costa que tenía su nuevo hogar, Edward Williams y Percy Shelley compran un velero y salen a navegar. Una tormenta los sorprendió en plena mar con un guía joven e inexperto. Se encontraron sus cuerpos y restos del naufragio en una playa entre Livorno y Lerici, de donde había partido.

    De vuelta en Inglaterra

    Mary Shelley y su hijo Percy Florence se trasladaron a Génova, donde Byron los visitaba a menudo. Un año después, su precaria situación económica la hizo regresar a Inglaterra. Estuvo conviviendo con su padre y su madrastra hasta que su suegro le proporcionó una pequeña cantidad económica y pudo irse a vivir sola con su hijo.

    Durante estos años, Mary se dedica a educar a su hijo, a inmortalizar a su esposo y a aumentar su propia obra. También ayuda a otros amigos a escribir memorias sobre Byron y su esposo. Su hijo era su mayor preocupación. Percy estudió leyes en el Trinity College de Cambridge, pero no tenía las dotes literarias de sus progenitores. Cuando terminó sus estudios, se fue a vivir con su madre. Timothy Shelley, el padre de Percy Bysshe Shelley, murió en 1844, dejándole a su nieto la finca familiar, que no valía tanto como Mary pensaba. Aun así, consiguieron cierta tranquilidad económica. Percy Florence se casa en 1848 con Jane Gibson y ambos conviven con Mary Shelley.

    Últimos momentos

    A partir de 1839, Mary comienza a tener dolores de cabeza muy fuertes y parálisis en diferentes partes del cuerpo. Su salud se deteriora mucho, hasta que falleció el 1 de febrero de 1851. Su médico determinó que la causa de la muerte fue un tumor cerebral.

    Mary Shelley, más que la autora de Frankenstein

    Mary Shelley es conocida, sobre todo, por su primera novela, Frankenstein o el Moderno Prometeo, considerada la primera novela de ciencia ficción. Sin embrago, la obra de esta gran mujer es mucho más amplia. Escribió libros sobre sus estancias en Europa, como Historia de una excursión de seis semanas por Francia, Suiza, Alemania y Holanda, con cartas descriptivas de un viaje por el lago de Ginebra, y los glaciares de Chamouni (1817), y Caminatas en Alemania e Italia en 1840, 1842 y 1843 (1844). Siguió cultivando la novela en Mathilda (1819), Valperga (1823) o Falkner (1837), además de recopilar y editar los poemas de su esposo, Percy Bysshe Shelley. También colaboró en las Vidas de los Científicos y Escritores más Eminentes (1835-39), parte de la obra de su amigo Dionysius Lardner, Cabinet Cyclopedia.

    Fue una escritora profesional, con un arduo trabajo tras sus obras, que parece no haberse valorado lo suficiente. Por suerte, la crítica moderna está recuperando esta faceta de Shelley, tan importante como sus obras, que también están siendo reeditadas en los últimos años. Fue una mujer avanzada para su época y que merece ser tenida muy en cuenta en el mundo de la literatura como una gran escritora, y no solo como la autora de Frankenstein.

     

  • Rubén Darío (1867-1916)

    Rubén Darío (1867-1916)

    Hoy se cumple el 152º aniversario del nacimiento del gran poeta del Modernismo, Rubén Darío. Acompáñanos por este paseo por su vida.

    Infancia y juventud

    Félix Rubén García Sarmiento, más conocido como Rubén Darío, nació el 18 de enero de 1867 en Metapa, actualmente Ciudad Darío. Pasó su infancia en León (Nicaragua) con sus tíos abuelos maternos, a los que consideró sus verdaderos padres en su infancia. Apenas tuvo contacto con sus padres biológicos, Rosa Sarmiento y Manuel García, que se separaron siendo muy pequeño Rubén.

    En su autobiografía, cuenta que ya sabía leer a los tres años, algo prodigioso. Pronto empezó a escribir y a componer versos. Con tan solo trece años publicó su primer poema, Una lágrima, en el periódico El Termómetro, de la ciudad de Rivas, en 1880.

    Poco después comenzó a colaborar con la revista literaria de León El Ensayo, llegando a alcanzar fama de poeta niño. Proyectó su primer libro con tan solo catorce años, aunque no llegó a publicarlo. Su pensamiento de impronta liberal le llevó en diciembre de 1881 a la capital del país, Managua, donde le habían llamado los políticos liberares porque querían que se educara en Europa. Pero sus ideas anticlericales suscitaron los recelos del presidente del Congreso, el conservador Pedro Joaquín Chamorro y Alfaro, por lo que le propusieron a Darío que continuara su formación en la ciudad nicaragüense de Granada. Sin embargo, Darío prefirió quedarse en Managua, donde continuó desarrollando su incipiente labor periodística. En agosto de 1882 partió hacia El Salvador.

    Viajes de su juventud

    Tuvo una juventud casi nómada, viviendo en diferentes países de Hispanoamérica (El Salvador, Chile, Perú, entre otros). En 1888 publica, gracias a unos amigos, Azul…, obra considerada como una de las más relevantes del Modernismo. Aunque no tuvo un éxito inmediato, el novelista español Juan Valera escribió dos cartas dirigidas a Rubén Darío para el periódico El Imparcial y en las que lo reconocía como «un prosista y un poeta de talento» . A partir de la segunda edición (1890) de Azul…, estas dos cartas se publican como prólogo, que habían supuesto su consagración como escritor.

    Periodista y escritor en Hispanoamérica

    En 1890 contrae matrimonio con Rafaela Contreras Cañas, hija de un famoso orador hondureño, Álvaro Contreras, defensor de la unión hispanoamericana. Al día siguiente de su boda, el general Ezeta dará un golpe de estado para derrocar al presidente Francisco Menéndez. Ezeta, que había asistido como invitado a las nupcias de Rubén Darío, le ofreció cargos en el gobierno, pero Darío los rechazó y se marchó del país, dejando en El Salvador a su esposa. Desde Guatemala, llamó a Ezeta traidor en un artículo escrito para el diario guatemalteco El Imparcial.

    Asumió la dirección del periódico de nueva creación El Correo de la Tarde. En enero de 1891, se reunió de nuevo con su esposa en Guatemala y ambos partieron juntos al mes siguiente hasta Costa Rica, ya que el periódico dejo de percibir la subvención gubernamental y tuvo que cerrar, por lo que Rubén Darío quiso probar suerte en otro lugar. En noviembre de ese año nació su primer hijo.

    Viajes por América y Europa

    Incapaz de sacar adelante a su familia, pasó de nuevo al continente en 1892, buscando mejor suerte. El gobierno nicaragüense lo envió como miembro de la delegación que mandó a Madrid con motivo del centenario del descubrimiento de América. En Madrid conoció a algunos de los más importantes escritores y personalidades de la época: Marcelino Menéndez Pelayo, Antonio Cánovas del Castillo, Juan Valera, Emilia Pardo Bazán, José Zorrilla, entre otros. En noviembre de ese mismo año, regresó a Nicaragua. Allí recibió un telegrama desde San Salvador notificándole la enfermedad de su esposa, que falleció en enero de 1893.

    A principios de 1893, Rubén Darío permanece en Managua, donde reanuda la relación amorosa que tuvo en su juventud con Rosario Murillo, cuya familia los obliga a casarse. En abril de ese año, marchan a Panamá. El presidente colombiano, Miguel Antonio Caro, amigo de Darío, le concede el cargo de cónsul honorífico en Buenos Aires, a donde parte sin su esposa, que permanecerá en Panamá. Entonces comienza su periplo por América y Europa. Visita Nueva York, donde conoce a José Martí, con quien le unen ciertos rasgos. Y viajará a París, haciendo realidad su sueño de juventud. En la capital francesa conocerá a Enrique Gómez Carrillo, Alejandro Sawa, Jean Moréas y tendrá un decepcionante encuentro con su admirado Paul Verlaine.

    En Buenos Aires

    En Buenos Aires, ciudad que le causó una honda impresión, obtuvo una gran acogida. Colaboró con varios periódicos, además de La Nación, de la que ya era corresponsal.

    La madre de Rubén Darío muere en 1895. Aunque apenas la había conocido, esta pérdida le afectó mucho. Además, en octubre de ese año, el gobierno suprimió su consulado y perdió una parte importante de sus ingresos. Para remediarlo, aceptó un trabajo de secretario para el director general de Correos y Telégrafos.

    En 1896 publica dos libros importantes para su trayectoria literaria: Los raros, una recopilación de artículos sobre escritores que le llamaban la atención, y Prosas profanas y otros poemas, que supuso la consagración del Modernismo literario. Los poemas de este libro se harán muy conocidos, aunque no tuvieron una gran acogida en un primer momento.

    Rubén Darío en España

    La Nación lo envía como corresponsal a Madrid para que dé cuenta de la visión de la sociedad española del desastre de 1898. Cumplió con su compromiso de enviar cuatro crónicas mensuales al periódico, que más tardes fueron recopiladas en un libro: España Contemporánea. Crónicas y retratos literarios.

    En España, conoció a los jóvenes poetas que defendían el Modernismo: Juan Ramón Jiménez, Ramón María del Valle-Inclán, Jacinto Benavente, Francisco Villaespesa

    En 1899, aunque sigue casado con Rosario Murillo, conoce a Francisca Sánchez del Pozo, una campesina analfabeta, hija del jardinero de la Casa de Campo de Madrid. Ella será el amor de su vida. La enseñará a leer y a escribir y la llevará a París.

    Corresponsal en París

    En 1900, con motivo de la Exposición Universal, que se celebraba en París, viajó a la Ciudad de la Luz como corresponsal de La Nación. Sus artículos sobre la Exposición se recopilaron en el libro Peregrinaciones. Además, en París conoció a Amado Nervo, quien sería su gran amigo.

    Rubén Darío estableció su residencia en París. Francisca, embarazada cuando partió Darío, dio a luz a una niña, que dejó al cuidado de sus abuelos, y se reunió con Rubén en París. La niña falleció poco tiempo después al contraer la viruela sin que Darío llegara a conocerla.

    En 1902, conoce a Antonio Machado, que se declara admirador de su obra. En 1903, Nicaragua lo nombra cónsul, lo que le permite vivir con mayor desahogo económico. Durante este periodo viajará por Europa, visitando países como Reino Unido, Bélgica, Alemania e Italia.

    En 1905, el gobierno nicaragüense lo envía para formar parte de una comisión especial en Madrid para tratar el conflicto con Honduras. Ese año publicará el tercer libro clave para el Modernismo: Canto de vida y esperanza, los cisnes y otros poemas, editado por Juan Ramón Jiménez. También escribe poemas memorables, como A Roosevelt, en el que critica el imperialismo estadounidense.

    En 1906, participa en la Tercera Conferencia Panamericana celebrada en Río de Janeiro. Para tal ocasión compuso el poema Salutación al águila, por el que será muy criticado al ensalzar la figura de los Estados Unidos. Por entonces, parece que concibió la idea de divorciarse de su esposa, Rosario Murillo, de la que llevaba años separado.

    Enfermedad y divorcio

    Rubén Darío pasó el invierno de 1907 en Mallorca, acompañado por Francisca. Cuando iba a regresar a París, en marzo de ese año, el alcoholismo que sufría Darío lo hizo caer gravemente enfermo. La llegada de su esposa a París en 1907 enturbió su tranquilidad. Se negaba a concederle el divorcio a Darío sin una compensación económica que el poeta consideró desmesurada. Sin acuerdo, Darío decidió viajar a Nicaragua para presentar el caso ante los tribunales.

    No tuvo suerte con la demanda de divorcio y, debido a que no le pagaban sus honorarios como cónsul, se vio imposibilitado de volver a París. Meses después de gestiones, el presidente José Santos Zelaya lo nombró embajador en Madrid. Pero el ajustado presupuesto que tenía la embajada nicaragüense le hicieron pasar apuros económicos, que solo pudo hacer frente gracias al sueldo que le pagaba La Nación y a que su amigo Mariano Miguel de Val se ofreció como secretario sin remuneración y ofreció su casa a la embajada. Cuando Zelaya fue derrocado, Darío permaneció fiel, pero tuvo que renunciar a su cargo.

    Últimos años

    Rubén Darío vuelve a París. Su alcoholismo le causaba problemas de salud y crisis psicológicas de manera frecuente. En 1910, viaja como miembro de una delegación nicaragüense a México para celebrar el centenario de la independencia de dicho país. El gobierno mexicano cambió mientras se encontraba de viaje y el dictador Porfirio Díaz se negó a recibir a Darío. El pueblo, en cambio, le brindó una gran acogida. Hubo mucho revuelo, siendo considerado por el poeta como preludio de la Revolución mexicana.

    El trato del gobierno Mexicano hizo que Darío zarpase a La Habana, donde, por culpa de su alcoholismo, intentó suicidarse. Volvió de nuevo a París, siguiendo con su labor para La Nación y desempeñando un trabajo para el Ministerio de Instrucción Pública mexicano, que se le ofreció como compensación por el bochorno pasado. Dos años después, aceptó la oferta de los hermanos Guido para dirigir dos revistas y realizar una gira por Iberoamérica. Cumplido dicho contrato, en 1913 viajó a Mallorca invitado por Joan Sureda.

    Volvió a París en enero de 1914, donde mantuvo un largo pleito con los hermanos Guido, que no le habían abonado parte de sus honorarios. En mayo, se instala en Barcelona. Su salud está ya muy deteriorada y sufre alucinaciones, además de estar obsesionado con la muerte.

    Muerte

    Cuando estalla la Primera Guerra Mundial, abandona a su familia y pasa de nuevo a América. Primero recala en Nueva York y luego prosigue su viaje por Guatemala, donde lo protege Estrada Cabrera, antiguo enemigo, y finalmente llega a su tierra natal, Nicaragua. Regresa en León, su ciudad de la infancia, un mes antes de fallecer, el 6 de febrero de 1916. Fue enterrado en la Catedral de León el 13 de febrero de ese mismo año.

     

  • Benito Pérez Galdós (1843-1920)

    Benito Pérez Galdós (1843-1920)

    Benito Pérez Galdós es uno de nuestros novelistas más importantes. Junto con Leopoldo Alas, Clarín, es uno de los máximos representantes de la literatura española del s. XIX. Hoy se cumplen 99 años de su fallecimiento, casi un siglo sin Pérez Galdós, y no podíamos dejarlo pasar sin dedicarle un artículo en nuestra sección Escritores y traductores. Acompáñanos a hacer un pequeño paseo por su vida y obra.

    Breve reseña biográfica

    Primeros años

    Benito Pérez Galdós nació el 10 de mayo de 1843 en Tenerife, hijo de un militar y una dama guipuzcoana, cuyo padre había sido secretario de la Inquisición. Galdós se aficionó a los relatos históricos gracias a las historias que su padre le relataba sobre la Guerra de la Independencia (1808-1814), en la que participó por su condición castrense. En 1852 ingresa en el Colegio de San Agustín, donde habían comenzado a divulgarse las polémicas ideas de Darwin, que algunos críticos han rastreado en sus obras.

    Galdós ya había empezado a colaborar con los medios locales, suministrándoles poesías, ensayos y cuentos, cuando se graduó como bachiller en Arte, en 1862, en el Instituto de La Laguna (Tenerife), donde había sobresalido por su facilidad para el dibujo y su buen memoria. La llegada de una de sus primas a la isla, por la que sentía algo, hizo que su madre lo mandara a Madrid para que estudiara Derecho.

    Aunque se matricula en la universidad en Derecho ese mismo año, será un mal estudiante. No asistirá a las clases y se pasará los días deambulando por la ciudad. Con todo, allí conoce a Francisco Giner de los Ríos, el fundador de la Institución Libre de Enseñanza, quien lo aproximó a las ideas krausistas, pensamiento que se puede rastrear en sus primeras obras. Frecuentaba, también, los teatros madrileños y la  «Tertulia Canaria», donde encontró paisanos suyos, como los escritores Nicolás Estévanez y José Plácido Sansón. También era habitual que acudiera a leer al Ateneo, lugar en el que conoció a Leopoldo Alas, Clarín, con quien mantuvo una gran amistad.

    En 1868 realiza su primer viaje al extranjero como corresponsal en París para cubrir la Exposición Universal. De allí traerá obras de Balzac y Dickens. De este último traduce Los papeles póstumos del Club Pickwick, que apareció por entregas en La Nación.

    El comienzo del camino literario de Galdós

    En 1870, su cuñada le costea la publicación de su primera novela, La Fontana de Oro, donde ya da visos de su gran quehacer histórico. La Sombra aparecía, también ese año, por entregas en La Revista de España. Por los mismos años conoce al que será durante 20 años su editor, Miguel Honorio de la Cámara y Cruz, y con el que se verá inmerso en un pleito interminable.

    En 1873 comienza la publicación de sus Episodios Nacionales, con los que realiza una inmensa crónica del siglo XIX desde el testimonio de la vida íntima y privada de españoles testigos de los acontecimientos narrados. Esta magna obra está compuesta por 46 novelas. Galdós quería que fueran cinco series con diez novelas cada una, pero el último lo dejó inacabado. Su última novela, la publicará en 1912 y lleva por título Cánovas.

    Madurez

    Galdós siempre llevó una vida acomodada. Se dedicaba a escribir y a leer, a pasear por Madrid en busca de conversaciones que le sirvieran para revestir de frescura sus textos.

    Su carrera política comenzó en 1886, cuando se aproximó al Partido Liberal y su amistad con Sagasta le llevó a ser diputado por Guayama (Puerto Rico), circunscripción que nunca llegaría a visitar. En el Congreso no destacó por su enorme timidez, pero le sirvió para tener otra visión más de la sociedad española como materia novelable.

    En 1897, Galdós es elegido como miembro de la Real Academia Española, pese a la oposición de ciertos sectores conservadores.

    El teatro de Galdós

    También prueba suerte en el teatro, donde tendrá cierto reconocimiento. Su obra más controvertida y reseñada, junto con su Casandra, fue Electra, que se estrenó en un momento crítico. Fue un alegato contra los poderes de la Iglesia y la influencia política que quería ejercer el Vaticano. Eso llevo a que una conspiración de los ultramontanos lo alejara de ser reconocido con el Premio Nobel de Literatura en 1912. Pero su éxito en el teatro fue discreto, pues muchas de sus obras eran adaptaciones de novelas o novelas narradas, lo que conllevaba que aparecieran muchos personajes y la acción no fuera lo primordial.

    Últimos años

    En la última etapa de su vida, Galdós se dedicó a sus compromisos políticos y a su actividad teatral. La pérdida de visión que sufrió en sus últimos años y sus problemas económicos lo marcaron negativamente. El 20 de enero de 1919 se descubrió un monumento en su honor en el Parque del Retiro, donde, por su ceguera, pidió que lo alzaran para palpar la escultura, emocionándose. Un año después, el 4 de enero de 1920, fallecía en su domicilio de la calle Hilarión Eslava, Madrid. Tuvo un entierro multitudinario en el que miles de ciudadanos acudieron a despedirlo.

    Selección de obras

    Detallar todas las obras de Galdós sería un trabajo inmenso, pero queremos acercaros a algunas de ellas:

    • Fortunata y Jacinta (1887)
    • Doña Perfecta (1876)
    • Misericordia (1897)
    • Realidad (1892)
    • Trafalgar (1873)
    • Los cien mil hijos de San Luis (1877)
    • Montes de Oca (1900)
    • Narváez (1902)
    • Cánovas (1912)
    • Electra (1901)
    • Casandra (1910)

     

  • Ida Vitale, Premio Cervantes 2018

    Ida Vitale, Premio Cervantes 2018

    Como no podía ser de otra forma, en nuestra sección Escritores y traductores le tenemos que hacer hueco a la actualidad, que, en este caso, tiene nombre propio: Ida Vitale. El pasado 15 de noviembre se falló el Premio Miguel de Cervantes en favor de esta poetisa uruguaya. Te damos algunos datos más sobre la vida y obra de Ida Vitale.

    Breve biografía

    Ida Vitale

    Ida Vitale nació el 2 de noviembre de 1923 en el seno de una familia de ascendencia italiana, siendo ella la cuarta generación. Creció en un ambiente culto. A su casa, recuerda aún, llegaban cada día cuatro periódicos, todos ellos con páginas culturales en las que solían aparecer poemas.

    Estudió Humanidades y fue profesora de literatura hasta que la dictadura la obligó a exiliarse a México en 1974. Colaboró con el periódico Marcha y, entre 1962 y 1964, tomó la dirección de la página literaria del diario Época. También formó parte de la dirección de la revista Clinamen y Maldoror.

    La dictadura que se implantó en Uruguay (1973-1985) obligó a Ida Vitale a exiliarse a México, donde conoció a Octavio Paz, quien le introdujo en el consejo asesor de la revista Vuelta. Siguió ejerciendo como profesora, impartiendo un seminario en El Colegio de México. Su obra continuó aumentando con sus colaboraciones en periódicos y revistas. Su contribución al Fondo de Cultura Económica fue extraordinaria, realizando traducciones de autores ilustres como Simone de Beauvoir, Benjamin Péret, Luigi Pirandello, entre otros.

    Volvió a Uruguay en 1984, donde solo estuvo un par de años, exiliándose de nuevo en 1989, pero a Estados Unidos esta vez. Durante ese periodo en Uruguay, Ida Vitale dirigió la página cultural del semanario Jaque.

    Su nueva residencia en el exilio en Austin (Texas), duró casi treinta años, hasta que falleció su marido, el también poeta Enrique Fierro. En 2016 volvió a Uruguay, donde vive actualmente.

    Ida Vitale ha sido galardonada con diversos premios, entre los que destacan el Premio Octavio Paz (2009), el Premio Alfonso Reyes (2014), el Premio Reina Sofía (2015), el Premio Internacional de Poesia Federico García Lorca (2016), el Premio Max Jacobs (2017) y, el más reciente, el Premio Miguel de Cervantes (2018). También fue nombrada doctora honoris causa de la Universidad de la República en 2010.

    La labor literaria y traductora de Ida Vitale

    La obra de Ida Vitale se enmarca dentro de las vanguardias históricas hispanoamericanas. Su poesía se sumerge en las transmutaciones del lenguaje, donde establece un nexo de unión entre una exuberante percepción sensorial de raíz simbolista y la concreción conceptual de su perfil más preciso. Representa a la poesía simbolista. Sus poemas son creaciones breves, caracterizadas por la búsqueda del sentido de las palabras y un carácter metaliterario.

    Es integrante de la Generación del 45, junto con otros autores uruguayos como Idea Vilariño, Juan Carlos Onetti, Ángel Rama, Carlos Maggi y Mario Benedetti, según la denominación utilizada por el crítico literario Emir Rodríguez Monegal.

    Sus referentes literarios fueron Delmira Agustini, María Eugenia Vaz Ferreira, Gabriela Mistral, quien la acercó a la poesía lírica, entre las poetisas; y José Bergamín, quien fue su profesor en Montevideo, y Juan Ramón Jiménez, a quien tuvo el placer de conocer en persona.

    Es traductora de obras sobre todo del francés y del italiano, con versiones de autores tan destacados como Simone de Beauvoir, Bejamin Péret, Gaston Bachelard, Jacques Lafaye, Jules Supervielle, Mario Praz y Luigi Pirandelo.

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